Condicionantes de las relaciones internacionales argentinas del mundo bipolar. Nuestros años '60.

VER ARTÍCULO COMPLETO EN PDF

Introducción

El período del llamado mundo bipolar y, dentro de él, el escenario internacional de la década de 1960, siguen siendo objeto de numerosos estudios. Sin embargo, en su mayoría, las obras que lo tratan abordan aspectos particulares: la política exterior de Estados Unidos, los cambios entonces en curso en la Unión Soviética, las alternativas de la confrontación bipolar, las “zonas calientes” que aquella confrontación generó en el mundo, el proceso de integración de Europa occidental, el nuevo papel del “tercer mundo”.

Argentina-China: new courses for an old dependency


Argentina-China: new courses for an old dependency
Rubén Laufer

 

ABSTRACT

Economic and political relations between Argentina and China have experienced a fast expansion for a decade and a half, especially since 2004, when the government of President Néstor Kirchner defined the course of "strategic partnership" with the Eastern power. This had its counterpart in the formation and development of important landowners and business groups associated with State public or private interests of China. This process also occurred in the energy sector: in recent years, individually or in partnership with local companies, Chinese corporations advanced in the acquisition or control of some of the major oil and mining National or foreign companies of Argentina.

Historically, the subordinate association of powerful sectors of the Argentine ruling classes —with a usually direct presence in, or strong ties with, the State apparatus— with the financial capital of great powers, has been at the base of the Argentine dependency. This was also the case in the late nineteenth century and during the first third of the twentieth century, when powerful Argentine exporting-landowners and business sectors held a so-called “special” or “privileged” relation with British capitalism.

Today, as then, representatives of governmental and economic spheres of China and Argentina, both public and private, emphasize the complementary nature of Argentina's economy – as well as other countries’ in the region-- in relation to the industrial economy of the Asian power. Commercial ties and direct investment or association of Chinese capital within local economies are described as an opportunity that would allow Latin American countries to develop their production, diversify their International Relations and reduce their external debts. With these considerations, in the Argentine case, government and business sectors —some of them directly related to Chinese interests, promote the adaptation of strategic areas of the local economy to the complementarity with the Chinese economy.

During the last decade, bilateral trade structures and public and private Chinese investments in Argentina further consolidated the historic division of labor among the great powers and Latin American countries, strengthening the primary-export profile of National production reflected, among other aspects, in the marked process of specialization in soy production and exports and concentration that characterizes agricultural production and exports in Argentina.

While some sectors of the ruling classes promote this renewed insertion of Argentina into the world economy —now in relation to China, some others warn against the reconstitution of an export model similar to that of the XIXth century” —and they even point the outlining of a “new neo-colonial connection with China as a metropolis”; instead, they intend to complement the specialization of Argentina in exportable primary products with some industrial diversification, attracting Chinese investment into industrial or infrastructural branches, complementary or merely subsidiary to the strategic needs of Beijing. This strategy converges with neo-developmentalist approaches rooted today in many governments of Latin America.

So, the growing importance of bilateral trade and of Chinese capital in Argentina and its competition with American and European interests with historic roots in the country, require us to rethink the “classic” debate about Argentina and most Latin American countries’ dependency upon great powers.

 

RESUMEN

Las relaciones económicas y políticas entre la Argentina y China experimentaron una rápida expansión desde hace una década y media, y especialmente a partir de 2004 cuando el gobierno del entonces presidente Néstor Kirchner definió el rumbo de “asociación estratégica” con la potencia oriental. Ello tuvo su correlato en la conformación y desarrollo de importantes grupos terratenientes y empresariales asociados a intereses estatales o privados de China. Este proceso tuvo lugar también en el rubro energético: en los últimos años, en forma individual o en asociación con empresas locales, corporaciones chinas avanzaron en la adquisición o control de algunas de las más importantes empresas petroleras y mineras nacionales o extranjeras de la Argentina.

Históricamente, la asociación subordinada de poderosos sectores de las clases dirigentes argentinas —habitualmente con presencia directa o fuertes vínculos con el aparato estatal— al capital financiero de las grandes potencias, estuvo y está en la base de la dependencia argentina. Así ocurrió a fines del siglo XIX y durante el primer tercio del siglo XX, cuando los terratenientes exportadores y poderosos sectores empresariales argentinos sostuvieron una así llamada “relación especial” o “privilegiada” con el capitalismo británico.

En la actualidad, al igual que entonces, representantes de ámbitos gubernamentales y económicos chinos y argentinos, tanto públicos como privados, destacan el carácter complementario de la economía argentina —y de otros países de la región— con la economía industrial de la potencia asiática. Los lazos comerciales y la radicación o asociación de capitales de China en las economías locales son descriptos como una oportunidad que permitiría a nuestros países desarrollar sus producciones, diversificar sus relaciones internacionales y disminuir su endeudamiento externo. Con estas consideraciones, en el caso de la Argentina, sectores gubernamentales y empresariales —algunos de ellos directamente asociados a intereses chinos— promueven la adaptación de áreas estratégicas de la economía local a la complementación con China.

Durante la última década, las estructuras del intercambio bilateral y de las inversiones oficiales y privadas de China en la Argentina consolidaron la histórica división internacional del trabajo entre las grandes potencias y los países latinoamericanos, reforzando el perfil primario-exportador de la producción nacional reflejado, entre otras cosas, en el pronunciado proceso de “sojización” y concentración que caracteriza a la producción agraria y las exportaciones argentinas.

Mientras algunos sectores de las clases dirigentes promueven esta reedición de la antigua inserción argentina en la economía mundial —ahora en relación con China—, otros denuncian la reconstitución de un “modelo exportador similar al del siglo XIX” —e incluso el esbozo de “una nueva relación neocolonial con China como metrópolis”—, y en su lugar proponen complementar la especialización argentina en productos primarios exportables con alguna diversificación industrial, atrayendo inversiones chinas hacia ramas industriales y de infraestructura complementarias —o simplemente subsidiarias— de las necesidades estratégicas de Beijing. Esta estrategia converge con los enfoques neodesarrollistas hoy arraigados en muchos gobiernos de América Latina.

El creciente peso del comercio bilateral y del capital chino en la Argentina y su competencia con intereses estadounidenses y europeos de antiguo arraigo en el país replantean, así, el “clásico” debate acerca de la dependencia argentina —y de la mayor parte de los países latinoamericanos— respecto de las grandes potencias.

 

 

For several years China has been one of Argentina’s main trade partners. Sales of soybeans and soybean products to the eastern power are the backbone of exports, foreign exchange earnings and fiscal resources of the country. At the same time, just as in other Latin American countries, the Argentine domestic market has seen a veritable flood of goods of Chinese industry. In correspondence with the intensification of trade, a strong flow of Chinese investment was originated, oriented to extractive industries (oil and mining), infrastructure linked to exports to the Asian country (railways, harbors), finance (banking, financing of projects associated with Chinese capital) and domestic trade (Chinese supermarkets). Moreover, recently investments have developed aimed at controlling —not necessarily by buying—large peaces of public land for food production, entirely for sale to China.

The intensification of bilateral relations should be framed within the Latin American context. Brazil, Mexico, Chile and Venezuela —in addition to Argentina itself— established “strategic partnerships” with the Asian power in recent years. Chile, Peru and Costa Rica signed with China widespread free trade agreements. Moreover, during Chinese Vice President Wen Jiabao’s recent tour through several Latin American countries, he proposed the creation of a "Cooperation Forum", another agricultural forum, and even a free trade area between the East and Latin America as a whole (Doudchitzky, Y., 2012, June 28; Urgente24, 2012, June 28). 

Argentina-China: recreación de la vieja “relación especial” con Gran Bretaña


Argentina-China:

recreación de la vieja “relación especial” con Gran Bretaña




Rubén Laufer

Publicado en Ariadna Tucma Revista Latinoamericana. Nº 7. Marzo 2012-Febrero 2013 – Volumen II. ISSN 1853-9467. Disponible enhttp://www.ariadnatucma.com.ar/?p=3124



China es, desde hace ya varios años, uno de los principales socios comerciales de la Argentina. Las ventas de soja y derivados a la potencia oriental constituyen la columna vertebral de las exportaciones y la principal fuente de divisas del país. Al mismo tiempo, de igual modo que los demás países de América Latina, la Argentina ha experimentado un verdadero aluvión de bienes de la industria china en su mercado interno. En correspondencia con la intensificación del intercambio se creó un fuerte flujo de inversiones chinas, centradas en ramas extractivas (petróleo y minería), en infraestructura ligada a las exportaciones hacia el país asiático (ferrocarriles, puertos), en el área financiera (bancos, financiamiento de proyectos asociados a capitales chinos) y, recientemente, en el control de grandes superficies de tierras fiscales arrendadas a productores privados para la producción de alimentos destinados a China.
Esta intensificación de las relaciones bilaterales se inscribe en un marco latinoamericano. Brasil, México, Chile y Venezuela ―además de la propia Argentina― establecieron en los últimos años “asociaciones estratégicas” con la potencia asiática. Chile, Perú y Costa Rica firmaron con ella tratados de libre comercio de amplio alcance. Corporaciones estatales y privadas de China avanzaron, en forma directa o en asociación con poderosos grupos económicos locales, en áreas decisivas de las economías de la región: petróleo, gas, represas hidroeléctricas, comunicaciones; minería del hierro, cobre, oro, litio; finanzas, grandes obras de infraestructura —rutas, obras ferroviarias, puertos—, comercio interior y exterior, etc.
En la Argentina, con el extraordinario crecimiento del comercio bilateral y de las inversiones chinas, desde la década de 1990 se han constituido y están en plena expansión grupos empresariales que asumen el papel de socios subordinados e intermediarios comerciales del gobierno de Beijing, o de corporaciones privadas o públicas chinas en grandes proyectos de inversión. Algunos de esos grupos locales son de origen nacional; la mayoría proviene de anteriores vínculos con intereses europeos, rusos u otros, y muchos cuentan con representación directa o fuerte influencia en círculos de gobierno a nivel nacional o provincial. La Cámara de la Producción, la Industria y el Comercio Argentino-China nuclea a muchos de los mayores consorcios empresariales del país (Spadone, Werthein, Macri, Blaquier, Loeb, etc.). Otros no integran la Cámara pero mantienen vínculos y asociaciones igualmente importantes (Roggio, Elsztain). Al compás de los negocios se multiplicaron los contactos diplomáticos y políticos.
La presencia creciente de intereses de China en la región compite con la “tradicional” influencia en ella de los intereses económicos, políticos y  estratégicos de Estados Unidos y de las potencias europeas. La pugna —directa o a través de las mencionadas asociaciones— por influencia o control sobre palancas básicas de nuestras economías y estructuras estatales (elemento vertebral de lo que habitualmente se conoce como dependencia) tiñe y condiciona la evolución de los países latinoamericanos.
En la actualidad, cuando el eje del crecimiento económico y de las relaciones políticas internacionales se desplaza visiblemente hacia Oriente y en particular hacia China, y en momentos en que la crisis económica mundial eclosionada en EE.UU. y Europa en 2008 y hoy en pleno curso destaca el rol económico, político y estratégico de China como potencia mundial, se reactiva el debate sobre: 1) el carácter del sistema social y político que rige los intereses económicos y estratégicos del estado chino y de sus corporaciones estatales y privadas; 2) la naturaleza de las relaciones que los países latinoamericanos y poderosos sectores de sus clases dirigentes vienen estableciendo con la potencia oriental; y 3) las implicancias que ese relacionamiento conlleva para el desarrollo económico y la inserción internacional de la región y de cada uno de sus países integrantes.

China: ¿Nuestra Gran Bretaña del Siglo XXI?

Nuevo “socio privilegiado” de poderosos 
sectores de las clases dirigentes argentinas
China: ¿Nuestra Gran Bretaña 
del siglo XXI?

Rubén Laufer
Revista La Marea Nro 35 - Febrero 2011


“Tenemos que pensar en China como nuestra Gran Bretaña del siglo XXI”.
Embajador Eduardo Sadous, 16.09.2010

En la Argentina, el impulso de una “alianza estratégica” con China constituye ya una política de Estado. En ella coinciden sectores diversos y hasta enfrentados del arco político argentino.
Quienes promueven la asociación con China lo hacen desde dos vertientes principales, dos nucleamientos o bloques de sectores de las clases dominantes que convergen en ese objetivo estratégico y al mismo tiempo difieren y pugnan sobre las modalidades y los beneficiarios concretos de esa alianza.
Por un lado están los sectores beneficiarios del actual esquema exportador-importador-inversor asociado a China. Empresarios, funcionarios gubernamentales, académicos y periodistas se constituyen en voceros de los pools sojeros y aceiteros que exportan a China, o de sectores vinculados a la importación de productos industriales del país asiático, o de intereses ligados a las corporaciones petroleras y mineras o a otros capitales privados o estatales de esa potencia.
Jorge Castro, asesor del ex presidente Carlos Menem en temas internacionales y actualcolumnista internacional del diario Clarín, sostiene que la alianza con China, basada nuevamente en la especialización del país en la producción masiva de alimentos para el mercado externo –en este caso para la potencia asiática– constituye la base para el desarrollo no sólo de la Argentina sino también de otros países latinoamericanos e incluso de la integración regional: “Una estrategia que privilegie su especialización [de la Argentina]en la producción agroalimentaria no implica la reprimarización de la economía. Al contrario: en las nuevas condiciones mundiales es la vía más apropiada para una reindustrializacióninternacionalmente competitiva de la Argentina”.[1] “En definitiva, la condición de potencia agroalimentaria de la Argentina es la que marca el camino de su inserción internacional...[2]“EEUU, Brasil, y ante todo la Argentina, tienen el privilegio de producir un insumo crítico –que es la soja– para el eje de la demanda mundial en los próximos 20/30 años: China”.[3] [Todos los destacados son nuestros. RL]

Presente y perspectivas de la “asociación estratégica” China–América Latina.

Presente y perspectivas de la “asociación estratégica” China–América Latina.
Persistencia de una matriz histórica de relaciones internacionales.

Rubén Laufer
XXII Jornadas de Historia Económica. Asociación Argentina de Historia Económica. Universidad Nacional de Rio Cuarto. Río Cuarto, 21 al 24 de septiembre de 2010



1. Introducción ............................................................................................
1
2. Composición del intercambio y adaptación estructural ..........................
3
3. La “asociación estratégica” en casos particulares ...................................
4
4. Re-primarización o industrialización subordinada: ¿dos “modelos”? ....
13
5. Conclusión: persistencia de una matriz histórica ....................................
21


1.- Introducción

Poco menos de una década atrás, la estructura triangular que caracterizaba la inserción internacional de América Latina traducía la competencia entre Estados Unidos y las potencias europeas por el predominio regional y mundial[1]. Por entonces, China recién hacía sentir su gravitación económica y política en la región, y no podía todavía considerársela un nuevo polo entre los que se disputan las preferencias ―y las alianzas― de las clases dirigentes de nuestro subcontinente. Hoy, cuando muchos analistas señalan el creciente desplazamiento del eje del crecimiento económico mundial —y en buena medida también de las relaciones políticas internacionales— hacia Oriente y en particular hacia China, se reactiva el debate sobre la naturaleza de las relaciones que la potencia oriental viene entramando con los países latinoamericanos y con poderosos sectores de sus clases dirigentes, y sobre las implicancias que ese relacionamiento conlleva para el desarrollo económico y la inserción internacional de la región.
La presente exposición está escrita “desde” la Argentina: buena parte de las referencias a la conformación de grupos económicos y políticos locales intermediarios de intereses chinos, y los antecedentes históricos a los que se remite, tienen por base el caso argentino. Sin embargo, sus rasgos fundamentales y muchas de sus implicaciones tienen validez ―con las especificidades de cada caso― para los países dependientes en general y para los de nuestra región en particular.
En el último año, personalidades de diversos ámbitos en América Latina han comenzado a prevenir sobre la naturaleza y efectos de la “asociación estratégica” que muchos países latinoamericanos han establecido con China. Voceros empresariales, gubernamentales y académicos advierten que tal alianza está constituyendo de hecho una reedición de la especialización primario-exportadora, e importadora de capital y bienes industriales, que históricamente caracterizó las relaciones económicas de los países de América latina con las grandes potencias a partir de fines del siglo XIX.
Se señala con preocupación, por ejemplo, el reforzamiento de la especialización regional en la producción de bienes primarios o de manufacturas basadas en recursos naturales:
“Más allá de las diferencias de país a país, hay una tendencia general a que la región se torne más especializada en la producción de bienes primarios y manufacturas basadas en recursos naturales, mientras China se especializa en bienes industriales cada vez más sofisticados —se observa en una reciente publicación académica germano-mexicana—. Esto no es sólo cuestión de fuerzas de mercado que llevan a la especialización basada en la distinta dotación de recursos... [En América Latina] no hubo intentos de implementar políticas industriales desde las reformas neoliberales de los ’80 y principios de los ’90. Como consecuencia, las partes de alto valor de las cadenas de valor globales están siendo localizadas en China, no en América Latina”. Así, el ascenso de China contribuye aún más a la reorientación de las economías latinoamericanas hacia un modelo basado en recursos naturales, que comenzó a fines de los ’80” (los resaltados son nuestros. RL).[2]

La CEPAL, por su parte, destaca en un significativo informe de 2009 la reiteración, en el comercio bilateral, de los patrones más tradicionales del comercio entre América Latina y las grandes potencias:
“La naturaleza de las corrientes comerciales entre la región y China es casi exclusivamente interindustrial, vale decir, China nos vende bienes manufacturados y América Latina y el Caribe le vende principalmente materias primas. Ello dificulta mayor densidad del comercio, deja menos espacio para inversiones conjuntas y limita una inserción más eficaz de los países de la región en las cadenas productivas de Asia-Pacífico...”.[3]

Osvaldo Rosales, director de la División de Comercio Internacional e Integración de la CEPAL, precisa que tal relación no se diferencia mucho del “modelo agroexportador” que se impuso en la mayoría de nuestros países hace más de un siglo:
“China tiende a convertirse en el segundo socio comercial de América Latina en los próximos cinco años... La buena noticia es que nos estamos conectando de manera cada vez más intensa con el motor de la economía mundial del siglo XXI. La mala es que lo estamos haciendo con un modelo exportador similar al del siglo XIX”.[4]

Funcionarios argentinos y brasileños encargados de coordinar el comercio bilateral, preocupados por las represalias chinas a las medidas anti-dúmping contra productos de ese origen adoptadas por el gobierno argentino, concordaron recientemente en la necesidad de cambiar el patrón de relacionamiento entre nuestros países y la potencia asiática:
"La administración de Lula da Silva sospecha que puede tratarse de una estrategia para reducir las compras de productos industrializados del Mercosur y concentrarse cada vez con mayor énfasis en la importación de commodities básicas... No se puede construir una nueva relación neocolonial con China como metrópoli” [5].

China y Argentina. ¿Nuevos rumbos para una vieja dependencia?

China y Argentina.
¿Nuevos rumbos para una vieja dependencia?

Rubén Laufer
XII Jornadas Interescuelas Departamentos de Historia
28, 29, 30 y 31 de octubre de 2009


Introducción ..........................................................................................
1
China y Argentina: de intercambio comercial a “gran oportunidad” ...
2
De “gran oportunidad” a “estrategia de inserción” .............................
5
De “estrategia de inserción” a “asociación subordinada” ...................
7
El mundo y América Latina en el mapa estratégico de China ...........
10
Conclusión: ¿nuevos rumbos para una vieja dependencia? .............
12


Introducción

El estallido a fines de 2008 de la nueva y profunda crisis económica mundial actualmente en curso suscitó en ámbitos gubernamentales, académicos y periodísticos de la Argentina la llamada “teoría del desacople”. El período de altos precios internacionales para las exportaciones argentinas en el ciclo económico iniciado a partir de 2003 —se sostenía—, y la solidez y ascendente gravitación comercial e inversora de sus principales mercados —China en primer lugar—, mantendrían a la Argentina a salvo de los embates de la crisis mundial.
En la base de esas expectativas, prontamente frustradas, se encuentra la rápida expansión de las relaciones económicas y políticas entre la Argentina y China desde comienzos de los años ’90 y especialmente durante el último quinquenio, y el desarrollo a partir de ellas de importantes grupos terratenientes y empresariales asociados a intereses estatales o privados de la potencia asiática. Históricamente, la asociación subordinada de poderosos sectores de las clases dirigentes argentinas —habitualmente con fuertes vínculos en el aparato estatal— al capital financiero de las grandes potencias, estuvo y está en la base de la dependencia argentina. Esta es una de las tesis centrales en que se apoya este trabajo. La otra es que tal asociación constituye el trasfondo del “consenso” de hecho entre sectores muy diversos y hasta políticamente enfrentados de las clases dirigentes en la promoción de la alianza estratégica con China.
Representantes gubernamentales y económicos chinos y argentinos, tanto públicos como privados, destacan el carácter complementario de la economía argentina —y de otros países de la región—con la economía industrial de la potencia asiática; los lazos comerciales y la radicación o asociación de capitales de China en las economías locales son descriptos como una oportunidad que permitiría a la Argentina —como a otros países latinoamericanos— desarrollar sus producciones, diversificar sus relaciones internacionales y disminuir su endeudamiento. Con estas consideraciones, sectores gubernamentales y empresariales de Argentina —algunos de ellos directamente asociados a intereses chinos—promueven la adaptación de áreas estratégicas de la economía local a la complementación con China.
Durante la última década, las estructuras del intercambio bilateral y de las inversiones oficiales y privadas de China en la Argentina consolidaron la “clásica” división internacional del trabajo entre las grandes potencias y los países latinoamericanos, reforzando el perfil primario-exportador de la producción nacional (reflejado, entre otras cosas, en el pronunciado proceso de “sojización” y concentración que caracteriza a la producción agraria y las exportaciones argentinas), propiciando la “asociación estratégica” del país con China, en competencia con intereses económicos y político-estratégicos norteamericanos y europeos de antiguo arraigo en la Argentina y en toda América Latina.
Se replantea así el también “clásico” debate acerca de la dependencia argentina respecto de las grandes potencias.

China y Argentina: una nueva “relación privilegiada”

China y Argentina: una nueva “relación privilegiada”
Rubén Laufer
XXI Jornadas de Historia Económica. Asociación Argentina de Historia Económica. Universidad Nacional de Tres de Febrero. Caseros (Buenos Aires), 23 al 26 de septiembre de 2008


La realización de la Primera Cumbre Empresarial China-América Latina a fines de noviembre de 2007 en Santiago de Chile, con la participación de 400 delegados empresariales y gubernamentales de 13 países latinoamericanos y de China, mostró la relevancia económica y política que la potencia asiática ya ha adquirido en nuestro subcontinente. La declaración final de ese encuentro propuso avanzar “a favor de la liberalización y  facilitación del comercio y la inversión, incluyendo tratados de  libre comercio”[1]
China es ya uno de los principales socios comerciales de la Argentina. En los últimos años, las ventas de soja a la potencia oriental se han constituido en la columna vertebral de las exportaciones totales del país y en su principal fuente de divisas. A su vez, al igual que los demás países de América Latina, la Argentina ha experimentado un verdadero aluvión de bienes industriales chinos en su mercado interno. De la mano de la intensificación del intercambio se creó, particularmente en el último quinquenio, un fuerte flujo de inversiones chinas, centradas en las ramas extractivas y en infraestructura y servicios ligados a las exportaciones hacia el país asiático. Al compás de los negocios se desarrollan fuertes grupos empresariales asociados a intreses chinos, y se multiplican los contactos diplomáticos, políticos y militares en distintos niveles de gobierno.
La intensificación de las relaciones argentino-chinas se inscribe en un marco latinoamericano. Brasil, México, Chile y Venezuela ―además de la propia Argentina― establecieron en los últimos años “asociaciones estratégicas” con la potencia asiática. La gravitación económica y política de China en la región se ha tornado tan relevante como para considerarla un nuevo polo entre los que pujan por las preferencias ―y las alianzas― de las clases dirigentes de nuestro subcontinente. La pugna por la influencia o control sobre las palancas básicas de las economías y de las estructuras estatales de los países latinoamericanos tiñe y condiciona la evolución regional.
¿Cuál es la naturaleza de las relaciones que sectores poderosos de las clases dirigentes argentinas vienen entramando con China, y cuáles son sus implicancias para el desarrollo económico y la inserción internacional del país? Tal es el tema de este ensayo. Sus rasgos fundamentales tienen también vigencia ―con las especificidades de cada caso― respecto de otros países de nuestra región.

China y las clases dirigentes de América Latina

China y las clases dirigentes de América Latina
Consolidación y bases de una “relación especial”


Rubén Laufer


En Revista Mexicana de Política Exterior 
(Secretaría de Relaciones Exteriores – México), N° 83, junio 2008


RESUMEN

China se ha constituido ya en un punto de referencia principal en la inserción internacional de los países latinoamericanos. A impulso de la intensa expansión económica y política de la potencia asiática en América Latina, se desarrollan importantes fracciones de las clases dirigentes de la región asociadas a grupos económicos estatales o privados de China. En coincidencia con los gobernantes de la potencia asiática, sectores de las dirigencias latinoamericanas ligados a los lazos comerciales y a la radicación o asociación de capitales chinos en las economías de esos países destacan el carácter complementario de la economía industrial de China con las economías de los países latinoamericanos, impulsan la adaptación de las estructuras económicas regionales a la complementación económica con China, y definen esos vínculos como una oportunidad que permitiría a los países de la región desarrollar sus producciones, diversificar sus relaciones internacionales y disminuir su endeudamiento. Sin embargo, tanto la estructura del intercambio bilateral como la de las inversiones oficiales y privadas de China en América Latina tienden a consolidar la clásica división internacional del trabajo entre las grandes potencias y los países sudamericanos, reforzando el perfil primario-exportador de las producciones regionales, y propiciando la aproximación de países de América Latina a una potencial área de influencia china, en competencia con intereses económicos y político-estratégicos norteamericanos y europeos de antiguo arraigo en la región.


De crisis y de guerras


De crisis y de guerras
La economía mundial, antes y después 
de los atentados del 11 de septiembre de 2001

Mario Rapoport y Rubén Laufer [1]
En El viraje del siglo XXI. Deudas y desafíos en la Argentina, América Latina y el mundo, Mario Rapoport. Ed. Norma, Buenos Aires, 2006.



Un gigante enfermo

El vendaval de la crisis económica sigue azotando en ramalazos a toda la economía mundial. Desde que emergiera en 1997, sus principales episodios transcurrieron en los países de la periferia, pero su núcleo está en los tres grandes centros de la economía capitalista del planeta, particularmente en los Estados Unidos. Los atentados de setiembre de 2001 contra las Torres Gemelas y el Pentágono agravaron esa situación, pero no fueron la causa. Y la respuesta agresiva de la Casa Blanca, con la invasión a Irak, equivalió a una "fuga hacia delante", pero no revirtió la tendencia.
Recientemente, el Wall Street Journal reunió a 55 economistas ligados a los medios financieros, con la clara intención de calmar las ansiedades de los inversores. Dianne Swonk, principal economista del Bank One Corp., resumió así sus predicciones optimistas: "Récord en ganancias, récord en el flujo de efectivo, crecimiento del ingreso y muchas órdenes [de compra]. No se puede pedir más"[2]. El presidente de la Reserva Federal, Alan Greenspan, corroboró esa visión: "La evidencia acumulada... indica que la producción continúa expandiéndose a paso sólido y las condiciones del mercado laboral han mejorado... con una inflación que se espera se mantenga relativamente baja". Tales afirmaciones siguieron a la decisión de la Reserva Federal de aumentar en un cuarto de punto la tasa de interés. "Al crecer la economía y crearse empleos... siempre se espera que un aumento en la tasa de interés sea parte del fortalecimiento de la economía", coincidió con cautela el New York Times[3].
Pero, no son pocos los analistas que señalan, por el contrario, la acelerada acumulación de elementos de recesión y avizoran un próximo colapso de la economía norteamericana. El derroche de optimismo antes mencionado se ligaba más bien a las necesidades de la campaña reeleccionista de Bush, y no hace más que acentuar el dramatismo de los índices económicos. El 6 de julio, el mismo Wall Street Journal titulaba: "El ascenso en la tasa de interés y la decadencia en la demanda agudizan preocupaciones en Wall Street". El artículo reportaba la abrupta caída en la venta de automóviles por parte de las grandes fábricas en el  mes anterior, y una baja pronunciada en las expectativas de ventas para la cadena de tiendas Wal-Mart. El aumento de la tasa de interés -después de la larga serie de rebajas por parte del jefe de la Reserva Federal, Alan Greenspan, que en un par de años llevó ese índice al nivel más bajo de la historia- no refleja tanto una reversión de la caída de demanda e inversión, sino más bien la urgencia de enfriar el crédito, y la necesidad cada vez más acuciante de Estados Unidos de atraer capitales del exterior. Algo parecido a lo que ocurrió a principio los años 80 bajo la presidencia de Ronald Reagan.

América Latina en el escenario mundial del siglo XXI

América Latina en el escenario mundial del siglo XXI
Competencia hegemónica y conflicto social

Rubén Laufer

En Revista Estudios Latinoamericanos (Universidad de Valparaíso, Chile); año 2, Nº 3, 2º semestre 2006. 



El creciente expansionismo y agresividad de la política exterior norteamericana, y las situaciones en Irak y en América Latina, condicionan toda la situación mundial, al tiempo que echan luz sobre la naturaleza del actual sistema internacional. A partir de la década de 1990 y a impulso del proceso de "globalización", se predicó la desvalorización de los principios de soberanía y autodeterminación nacional. Correlativamente se acentuaron los apremios económicos y financieros y el intervencionismo de las grandes potencias hacia las naciones débiles o dependientes, cuya gravitación en el escenario mundial se debilitó notoriamente. Se revelaron ilusorias las expectativas sobre la conformación de un “poder global”, un "gobierno mundial" ejercido igualitaria y armónicamente por instituciones políticas o económicas internacionales como la ONU o el FMI-BM-OMC, o regido en base a acuerdos de las grandes potencias a través del G-8, el Foro de Davos o la OTAN.
El ciclo de crisis de la economía mundial iniciado en 1997 no se ha cerrado. En 2004, el crecimiento de las exportaciones estadounidenses estimulado por la depreciación del dólar, y la temporal recuperación del consumo y la inversión en ese país alentada por bajas tasas de interés, así como la persistencia de altos índices de crecimiento del comercio exterior de China y de las inversiones hacia y desde esa potencia asiática, impulsaron una temporal recuperación del crecimiento económico global. Sin embargo, según admite el Banco Mundial, el muy vigoroso crecimiento experimentado por la economía mundial el año pasado (3,8%) se está desacelerando... El incremento de las tasas de interés en los Estados Unidos, la paulatina disipación de los efectos de la flexibilización de la política fiscal y, en Europa, las consecuencias de la apreciación efectiva real del 25% experimentada por el euro desde febrero de 2002 contribuyeron a la desaceleración del crecimiento del PIB en el segundo semestre de 2004, proceso que continuó en 2005”[1].